13 de noviembre de 2007

Ayahuasca Chacruna

Llevo en mi mente grabados los más excelsos cánticos jamás escuchados, armoniosos Icaros que alborotan mi ser, develan mi alma y me conducen a lo más sublime de este mundo, toda esta experiencia mágica que relataré a continuación la viví en la selva del Ucayali, a orillas de Yarinacocha en Pucallpa, momentos de paz que siempre lo recordaré.
El maestro Alberto Reategui como desea que lo llamen y no brujo o Chaman, me relató su agitada pero feliz vida en media hora de conversación antes de la sesión de Ayahuasca. Lleva orgulloso sus ochenta años y me devela su secreto de lo bien que lleva esa edad, tomo la planta desde que tengo veintitrés años; y valgan verdades lucia muy bien para la edad que dice tener. Nació en el Alto Tamaya, tiene diez hijos, y se considera seguidor del Evangelio de Jesús, lleva una Biblia siempre consigo y para él la hechicería es cosa del demonio.

Me muestra los elementos principales que todo maestro debe tener en un ritual, su Mapacho, agua florida y su botella de plástico con la mezcla divina de Ayahuasca y Chakruna, no olvidemos su fósforo y pequeño vasito que lo lleva bien guardados en su vieja bolsita rayada de tela.
Me pregunta a que me dedico y mi nombre, de donde soy, porque estoy allí y quienes son las otras personas que nos acompañaran en el ritual; le respondo sin vacilar, le cuento que son dos gringos de Escocia los que participarán con nosotros y que es mi segunda aventura con la planta. Sonríe y me pide que le cuente mi anterior viaje, de manera rápida pero emotiva le relato mi antigua experiencia en la cual conocí mi lado más espiritual de un viaje mágico que me llevó a descubrir la maravilla de ser un animal silvestre pensante en esta tierra de irracionales que destruyen su propio habitat.

Le cuento que realizé este ritual en la Comunidad Shipiba San Francisco, junto con un maestro llamado Mateo Arévalo, del cual guardo un grato recuerdo. Por un momento me escuchaba atentamente hasta que se levantó la camisa y me enseñó una cicatriz hecha desde niño en el estomago, según me cuenta; su padre también fue maestro sanador y que los demonios se lo quisieron llevar desde que estuvo en el vientre por eso esa señal, se rie, me da una palmadita en la espalda y empieza a contar que luchó muchas veces con diablos y espiritus malignos que deseaban apoderarse de su alma pero su fe en Dios fue más fuerte que sus enemigos. La mayoria de las cosas que me narraba el maestro Alberto eran historias llenas de misticismo y fantasía, en la cual siempre la fe y esperanza salia a relucir, su inclinación religiosa muy marcada lo pinta como un anciano sabio lleno de vida que vive su presente y futuro muy ligado con su pasado.

Con la parsimonia que lo caracteriza hace un llamado a los participantes a pasara al cuarto donde llevaremos a cabo el ritual, con la emoción que nos embarga acudimos prontamente al llamado; curiosos por descubrir que nos develará esta vez la madre planta. Por el calor imperante en la zona, los mosquitos son el mayor problema de la noche, por eso es recomendable llevar pantalones y repelente para evitar tal molestia. El momento de la ceremonia se inicia, se apagan las pocas luces que hay y el silencio se instala en el cuarto. Alberto nos pregunta por nuestros nombres, esta vez nos acompañan Paúl y Lisa; una pareja de esposos oriundos de Escocia, que llegaron a Pucallpa solo y exclusivamente para este ritual. En el cuarto oscuro también esta presente Martín, el amigo guía de la pareja, en total cinco personas.

El maestro nos exige respeto para con la planta y para su ritual, nos pide también tranquilidad y nos aconseja no temer, que el poder que emana el Ayahuasca es para un fin positivo, que nos liberará el espíritu y que nos encomendemos a Dios para de esta forma tener una feliz mareación. El primero en tomar el elixir divino fui yo, espere pacientemente a que la planta recorra mi ser lentamente, de arriba hacia abajo, el ambiente oscuro, el sonido de algún animal, del viento, de los árboles, hacia palpitar mi corazón, estaba entrando a mi submundo, a aquel lugar donde guardo mis recuerdos, nostalgias, penas y alegrías. De pronto mi mente se traslada hacia el horizonte, mi ritmo cardíaco aumenta y empiezo a bostezar repetidamente, cada vez más, mientras desde mis entrañas una fuerza desconocida intenta salir por mi boca. Abro los ojos para ver mi realidad, en la negra noche solo logro escuchar las oraciones del maestro en voz baja.

Nuevamente me sumerjo en mi fascinante mundo, diviso luces multicolores que vienen de los costados, alzo los brazos para poder sentirlas, muevo las manos sin direccion alguna, tanteo a mi alrededor, y de pronto la risa me invade, me siento en mi postura habitual y mirando hacia la derecha empiezo a suspirar y a la vez a derramar lágrimas, gotas de agua llenas de felicidad, risas, mas lágrimas, agacho la cabeza, me cojo la rodilla y a lo lejos veo una imagen; no logró entender que figura es, pero de a pocos veo que es un niño, soy yo, de pequeño, corriendo por el parque donde solía jugar; nuevamente me agarro el cabello, simulando que veo a alguna mujer, le sonrió, y me siento feliz. La catarsis es definitiva, y la sinfonía del Maestro empieza a encandilarme, silbidos de ensueño, medico, medico, ayahuasca chacrunita, bailaremos, danzaremos con mi ICARO.

Le sigue un tatareo indescifrable, cuando siento el humo del mapacho, en mi cabeza. El momento de la nivelación llamó a la puerta de mi alma, Eduardo, escucho a lo lejos, alza las manos y estira los brazos, de pronto la noche se disfrazó en tinieblas, mi mente se puso en blanco, mientras mi cabeza apuntaba al suelo. Escuchaba voces extrañas, el llamado de un león, de un otorongo, de la tierra, podía sentir su energía que irradiaba mi ser.El halito a tabaco del maestro se hace más fuerte, siento un soplido en la frente, el ICARO se hace música celestial y la bola de fuego en un comienzo que se dirigía hacia mi como una explosión, reventó en mi cara como una luz divina, que me abrió los ojos a la libertad, a una naturaleza avasalladora, donde era el principal personaje. Había alcanzado el nivel más alto de mi mareación. Todo parecía una fantasía, de la cual no quería salir.

A lo lejos una fuerza increíble me levanta la cara y me hace apuntar la mirada hacia el cielo, cuando una brisa tropical me hace temblar, suspiro y me siento contento, es una voz amiga, que la escuche desde que estaba unida a ella. Pero no la puedo ver, esta cubierta de un aura luminosa, que no me hace distinguir su rostro, me tiende la mano, pero no la puedo alcanzar. Me llama y pronuncia mi nombre, me da fuerzas, ánimos, y aliento para seguir adelante en mi viaje mágico. La logró reconocer, es la imagen divina de mi madre; puedo sentir sus manos sobre mi, observadome y sonriendo. Aquella emoción me hace desprender más lágrimas de felicidad, de satisfacción, de liberación espiritual. Guardo silencio y respiro lentamente, aguardando el fin de la sinfonia. Toda esta experiencia la llevó siempre a todos lados, y la comparto con mis amigos y es motivo de charlas y tertulias nocturnas. Seguro que en cualquier lugar donde este, podré cerrar los ojos y escuchar los icaros del maestro Alberto, y recordar como lo hice ahora aquella noche fantástica

3 de agosto de 2007

Iquitos, navegando por el Amazonas

Viajar a la ciudad de Iquitos es una aventura sin parangón, su naturaleza es un manto verde que te envuelve una y otra vez hasta cautivarte, soy un afortunado más que navegó en las turbulentas aguas del río más caudaloso del mundo, El Amazonas. Serpenteante río que dibuja desde lo alto todo su recorrido dejando maravillado a todo mortal que lo visita. Este es el relato de un viaje que realice a principios de año y que espero volver a repetir prontamente.

Para llegar a la calurosa Iquitos existen solo dos formas, vía fluvial y aérea, el viaje definitivamente más osado y aventurero es el primero, el cual es por la ruta Lima-Tarapoto-Yurimaguas, desde este último punto uno se embarca en una enorme lancha hasta Iquitos, son tres días de éxtasis natural, que se los aseguro intentaré realizar. También se puede llegar desde la ciudad de Pucallpa, vía Contamana y de allí en Lancha, por seis días.

Ambos viajes demandan por sobre todo tiempo, ya que desde Lima toma de seis a siete días llegar a la capital loretana, empero es un esfuerzo que se los aseguro no se arrepentirán de realizar. En mi caso tomé el avión un lunes a las seis de la mañana y en solo una hora y cuarenta minutos ya respiraba aire tropical. Desde lo alto, se puede apreciar claramente los diferentes ríos que circundan la ciudad, una pequeña isla en medio de la selva, los bosques amazónicos en todo su esplendor reflejan la luz de un sol temeroso que se asoma, un panorama silvestre pocas veces visto.

El termómetro marcaba veintiocho grados, el calor aun no se sentía con fuerza pero ya tenía entendido que por estos meses la temperatura puede llegar fácilmente a los treinta y ocho grados, mínimo detalle si se esta acostumbrado a la selva peruana. En este paraíso tropical como en toda la selva el principal medio de transporte son las motos, y en el caso del servicio público los famosos mototaxis o también llamados motocarros, el costo de tan refrescante paseo es de un sol por todo el centro de la ciudad y cincuenta céntimos más por las afueras, ahora, tenga cuidado si desea contratar a estos hábiles chóferes ya que en muchos casos suben sus precios si tiene pinta de extranjero.

Iquitos es la capital de la región Loreto, provincia de Maynas. En la ciudad hay buena infraestructura hotelera, existen de todo precio y categoría, para este fotógrafo silvestre un buen hospedaje le costó treinta soles por noche, con todas sus comodidades y muy cerca del centro, requisito básico si desea estar cerca de todo y de todos. Rápidamente me di cuenta que el auge turístico por estos meses es bajo, por las constantes lluvias que azotan esta parte del país, la temporada recomendada para visitar la selva peruana son desde Mayo hasta Noviembre, y en especial el mes de junio, en la celebración de la fiesta de San Juan.

Con el transcurrir de las horas el calor tenaz se empieza a sentir, botella con agua en mano empiezo a establecer mi recorrido con un guía amigo, el cual me aconseja realizar un city tour. Me es importante señalar que este personaje al cual llamo guía, no es mas que uno de los tantos jóvenes que deambulan por la plaza de armas y el malecón ofreciendo servicios de guiado, son amables y señalan que en su ciudad no existe la viveza, es decir no roban a los turistas, ya que ellos mismos venderían una mala imagen de su ciudad y de esta forma alejarían al turista; razones no les faltan porque pude comprobar plácidamente como fui tratado por estas personas. Empero no esta demás tomar sus precauciones.

No soy amigo de los tours convencionales, así es que hicimos todo lo contrario a lo establecido por la agencias de turismo, empezamos por visitar el mercado Belén, principal abastecedor de productos de primera necesidad en la ciudad. Después de comer un rico Juane con gallina en el puesto de una amable señora, que nos vendió tan magistral platillo a cuatro soles, optamos por conocer la mal llamada Venecia peruana, no se quien le puso este apelativo tan irónico, pero la cuestión es que el Barrio de Belén, es la otra cara de esa selva mágica, es la careta de un pueblo pobre que cada día ve como llegan los aviones llenos de gente que ignora o quiere ignorar su realidad, una situación caótica que debe parar, por el bien de nuestros hermanos olvidados por sus autoridades.

El barrio de Belén ubicado al margen izquierdo del río Itaya, esta formado por casas construidas con madera Topa, que flotan al nivel del agua, en tiempos de crecida del río los niños chapotean en sus aguas, las mismas que sirven de consumo y uso diario en sus principales necesidades. Adentrarse en sus calles es como navegar en un territorio raro, fuera de contexto, la gente observa al foráneo, preguntándose tal vez el porqué de su visita, el porqué de las cámaras fotográficas, sin saber que de bonito le ven a su barrio que lo vio nacer.

Me sorprendió ver como el segundo piso de una escuela fiscal funcionaba como trampolín para que los niños salten a las aguas turbias de su suburbio. Madres lavando ropa en sus aguas, jóvenes bañándose, señores cargando agua, botes llevando gente, recios muchachos trabajando, y uno que otro bar abierto veía pasar en mi recorrido, no pude percibir un clima amable, pero tampoco hostil; el dueño del peque peque que alquilamos nos invita a conocer la victoria regia, una planta flotante que es el principal atractivo de los lugareños.

El sol implacable nos obliga a hacer una parada en una tienda flotante, muy particular, donde nos atienden gratamente y nos venden una gaseosa helada al mismo precio que en las tiendas de la ciudad, la mima señora que nos atiende comenta: El gobierno no nos ayuda, estamos mal, nos urge el agua potable. Pensando que éramos periodistas. Los postes de alumbrado publico forman parte de este paisaje acuático, que me hace pensar en como es que nadie se electrocuta por estos lares, mas bien hay ahogados, me responde Jhony el amigo guía, indicándome que eso sucede con frecuencia.

Un restaurante flotante pasa por nuestro lado, vemos un grifo, una posta, una capilla, hasta una casa construida con material noble, de algún comerciante. Los bares son un tema aparte, la música cumbia que se escucha a lo lejos invita al visitante a entrar, mujeres por sus ventanas salen a mirar, y en eso escucho una triste realidad: Las tías prostis aquí cobran cinco soles, pero son solo para esos cargadores, no pasa nada. Y lo hacen en el bote. Es verdad la prostitución se da lugar acá también, pero solo por las noches, encienden un foco como señal que el servicio esta disponible, y se pasean en sus botes esperando a algún cliente.

hay mucho más historias que contar en Belén, pero en realidad lo que pude sentir en la gente es que ellos no quieren verse de esa manera, son gente pobre y honrada que solo busca la circunstancia de salir adelante, solo esperan una nueva oportunidad, para lograrlo, les recomiendo que no visiten Belén como un punto turístico más, háganlo como un destino al cual tenemos que ayudar, si pueden lleven ropa o alimentos, dénselos a las familias necesitadas que hay, por mi parte muestro en imágenes esta cruda realidad que espero cambie en algo la conciencia de quien las observe.

A 183 km. al suroeste de Iquitos se puede llegar a la Reserva Nacional Pacaya Samiria, la ruta más corta es Iquitos-Nauta por carretera y por vía fluvial desde Nauta hasta la comunidad 20 de febrero(quince horas en bote), para acceder a la reserva se solicita permiso al INRENA y se paga los derechos correspondientes. Esta inmensa reserva posee dos millones ochenta mil hectáreas y es una de las más grandes del país y de Sudamérica. Usted puede realizar esta aventura desde la ciudad, hay varias agencias de viaje que lo orientarán, empero si es más intrépido siga la ruta establecida líneas arriba pero siempre acompañado de algún guía amigo que conozca la zona.

Los Iquitos fueron antiguos pobladores de la región, al igual que los Cocama, Huitoto y los Boras, posteriormente misioneros Jesuitas fundaron la ciudad. Existen registros de la época de oro de la región, la cual fue a finales del siglo diecinueve, con la explotación del caucho, los grandes barones construyeron sus casonas las cuales perduran hasta ahora, y constituyen parte del recorrido turístico de la ciudad, como grandes legados arquitectónicos. Dentro de los cuales puedo mencionar: Museo Amazónico, Museo Municipal de Ciencias Naturales, El ex Hotel Palace, El Malecón Tarapacá o Boulevard y la Casa de Hierro.

Mención aparte me merece el gran Malecón, que sin dudas es el punto más emblemático de la ciudad y de obligada parada de todo visitante, claro está de los Iquiteños, que no dudan en recorrer sus veredas deleitándose con su bello panorama. En las pocas cuadras que posee, existen bares, cafés, restaurantes, está también el Museo Amazónico y la Biblioteca Amazónica, en la parte baja hay un establecimiento donde se venden artesanías, su nombre es el Anaconda, donde puede encontrar desde llaveros a un sol hasta Remos muy bien decorados a ciento cincuenta soles, polos, máscaras, collares, pulseras, pipas, faldas, todo un arte diseñado para el buen gusto de la gente.

También se venden licores, pero aquí si hago una excepción, si desea sentir el poder de las frutas maceradas en aguardiente tiene que visitar el mercado Belén, en aquel lugar encontrará lo que busca. Todo un variopinto menú de licores típicos de la región. A los lejos se puede divisar el gran Amazonas, imponente de turbias aguas. La laguna de Quistococha es un atractivo turístico recomendable, ya que en sus aguas calidas pueden refrescarse del intenso calor y claro jugar un poco es su arena blanca, ahora si desea conocer algunos animales de la zona, existe también un mini zoológico. Mi amor por la libertad silvestre y el hábitat natural me limito solo a visitar la Tunchi playa y darme un paseo en los botes que merodean la laguna.


De la ciudad hasta este punto toma quince minutos en auto. Cada día que pasaba se me hacia más interesante, por las noches una caminata por el Malecón era una tarea que empezaba a gustarme, la luz de una luna llena iluminaba como nunca aquellas cuadras coloridas y llenas de gente, cuando de pronto un sonido musical conocido para mis oídos me llama la atención. Era un grupo improvisado de músicos, que hacían deleitar a la muchedumbre con ritmos alegres y contagiosos. Sin embargo la que se llevo el aplauso del respetable fue sin dudas la bailarina que dejaba caer sobre su boca a una Mantona, serpiente habitual por estos lares, con destreza y desenfado esta menuda mujer de unos veinte años aproximadamente danzaba el baile de la culebra.

Fue sensacional ver esta puesta en escena, la gente le arrojaba monedas por el espectáculo brindado, mientras uno de los músicos incitaba a los mirones a que colaboren, obviamente para algunos gringos que pasaban por allí les pareció impresionante y soltaban algunos dólares de sus carteras. Muy temprano por la mañana visite el embarcadero de Nanay, desde este punto salen botes hacia el pueblo nativo de San Andrés de los Boras y caseríos aledaños como Padre Cocha.

Este puerto es bien comercial, en la entrada del mismo hay un mercado en el cual puede conseguir de todo para comer, a la vista salta la carachama frita, los Juanes, Tamales de gallina, sudado de pescado, refrescos de aguaje, cocona, cebada, y los coloridos pijuayos. Hay restaurantes y bares, la cerveza San Juan es la más consumida por los pobladores, de sabor ligero pero refrescante esta bebida se expende a cuatro por diez soles, también está la Iquiteña, la cerveza regional. El costo del paseo hacia la comunidad de los Boras depende del trato que realice con el dueño del bote, pero va desde los veinte soles hasta los treinta, dependiendo de la cantidad de personas que viajen.

En esta oportunidad viaje solo con el guía en un pequeño bote, quien me comenta que debo pagar veinte soles más al jefe de la comunidad por la visita y si es que deseo verlos bailar serian treinta soles, todo un gran negocio a simple vista. Los nativos de esta zona son personas amables y muestran su cultura y tradiciones a todo aquel que lo visita. Al conversar con el Curaca de la comunidad, Liborio Maynas, me alega que ellos tienen que pagar diez soles o más a los dueños de los botes que llevan gente a su comunidad, dependiendo de la cantidad de personas y también si son nacionales o extranjeros, hace algunos años esto no sucedía, pero a raíz de la gran afluencia de turistas se empezó a cobrar por la entrada, y el show que ofrecen.

En esta Maloca se puede comprar artesanías y tomarse fotos, ahora si desea saber como viven en realidad Los Boras, puede convenir con el Curaca, una visita a San Andres, pueblo a una hora de camino desde este punto, visita la cual realizare a fines de este año. El paisaje en bote sobre el río Nanay es una aventura sublime la cual guardo en mi memoria gratamente, pude comprobar in situ la belleza de la selva de los espejos, el reflejo del cielo azul y de los árboles en el agua es una postal maravillosa. Todos estos días de plenitud y los momentos de paz que viví en esta selva indómita seguro formaran parte de muchas historias las cuales iré contando a muchos personajes a quienes invitare a visitar esta ciudad, no cabe duda que la selva tiene su magia, la cual te envuelve y no deja de cautivarte. Gracias a Dios me llevo un gran tesoro entre mis manos, cientos de fotografías que con el paso del tiempo amare mucho más.

19 de febrero de 2007

Pucallpa-La perla del Ucayali

Pareciera ser una norma que todo lo bello tiene algo de misterio, un juego a las escondidas infaltable para la atracción. En la primera impresión, la ciudad de Pucallpa se ofrece huraña y esquiva al visitante. Las calles son ruidosas y atiborradas de centenares de pequeños negocios; las motocicletas –medio de transporte más usado por la población- irrumpen la aparente tranquilidad que en alguna parte se puede encontrar; y para golpe de gracia, el implacable calor hace aún más pesado caminar por las calles.Felizmente esto es solo una parte de Pucallpa pues a medida que el visitante va adentrándose en el paisaje y en la vida cotidiana, va descubriendo un pueblo frenético, alimentado por la energía que la naturaleza aún le brinda.
Pucallpa se ubica en el departamento de Ucayali, en la selva baja del Perú, abrazada por el extenso río Ucayali y por el lago Yarinacocha. Su nombre deriva de las palabras quechuas puca (colorada) y allpa (tierra). El color rojizo del suelo en contraste con el verde de los bosques y el marrón de los ríos, crea la sensación de estar inmersos en una pintura paisajística. El clima es húmedo y tropical. La intensidad del calor sofocante es la misma en todas las épocas del año, a pesar que los pucallpinos persisten en que hay una estación fría. La temperatura sobrepasa los 30°C. Solo se siente frescor en los momentos de lluvia que, felizmente, son constantes.

Por donde se mire hay extensas hectáreas de bosques. Los árboles madereros son la principal industria de Pucallpa. Lamentablemente, la tala descontrolada pone en peligro el orden natural. Es frecuente ver bosques talados, forados enormes en medio de árboles amenazados por la deforestación. También es común ver por las carreteras, camiones que circulan cargados con bloques enormes de troncos de árboles, cuya antigüedad puede sobrepasar los cien años. Árboles de caoba, cedro y otras especies se dirigen al mercado ilegal de madera nacional e internacional. La deforestación es un grave problema que no parece tener solución. La ineficacia y el poco control de las autoridades hace que la selva de Ucayali sea el objetivo ideal de las mafias madereras. A estos males se añade las grandes pérdidas de bosques que el boom del caucho trajo consigo en décadas pasadas.

A pesar de este desalentador panorama, la naturaleza sigue ofreciendo a Pucallpa sus frutos. Toneladas de plátanos, aguaje, cocos, yucas y piñas, abastecen a la población local de lo esencial. El río Ucayali es fuente de gran variedad de peces como el zúngaro, paiche, bagres, taricayas y otros. El curso del río es como una gran carretera, donde circulan lanchas cargadas de pasajeros, ropa y alimentos. Embarcaciones que van y vienen forman un cuadro pintoresco propio de la amazonía. Es en los puertos donde se concentra un dinámico movimiento comercial. Desde muy temprano, se escucha el griterío de los vendedores anunciando sus ofertas.
Los pucallpinos aprovechan todo lo que la selva les da para hacer una gastronomía peculiar y de sabores fuertes. El plátano o banano es el ingrediente principal en la comida local. Elaborado en todas sus formas posibles, el plátano abunda en esta región. Están los clásicos juanes ( bolas de arroz verde con pollo envueltas en hoja de bijao), el tacacho (plátano chancado cocinado con grasa de cerdo); cecina o carne seca de venado y majaz. También son comestibles la carne de lagarto y taricaya (tortuga de río) y el suri (gusano frito), además de una serie de peces de río.Para beber están los refrescos de aguajina, que se extrae del aguaje (fruto marrón parecida a una granada de guerra) y la cocona, carambola, camu camu entre otros. Además de los clásicos licores de la amazonía (chuchuhuasi, RC, Siete Raíces, Masato...) que se les otorga carácter medicinal y afrodisíaco.

A 10 kms. De Pucallpa, viajando por el lago Yarinacocha está la comunidad shipiba de San Francisco. Los frondosos árboles protegen este lugar que, sino fuera por el conductor de la embarcación, el visitante no podría notar su presencia y pasar de largo.La etnia de los shipibos es considerada la primera población que habitó estas tierras. Los shipibos es la tercera étnia más grande del país – primero están los asháninkas y los aguarunas- . en la comunidad de San Francisco viven más de 3000 shipibos alejados de la ciudad, como protegiéndose de toda influencia urbana. Pero tampoco viven desconectados del resto. Hoy cuentan con electricidad y servicio telefónico. El turismo es el principal ingreso económico de las familias shipibas. Ello no implica que pierdan sus costumbres. Al contrario, con diversas tareas procuran afirmar sus conocimientos ancestrales del idioma y arte.
Es conocido mundialmente los dibujos lineales de los shipibos. Laberintos que se asemejan a los intrincados caminos de la selva o a un desordenado mapa urbanístico. Cada espacio es un taller de arte. Hombres, mujeres y niños , no cesan de elaborar cerámicos, talleres, collares y otros objetos que luego serán exportados a grandes tiendas y galerías. Este arte es ancestral y solo perdura por las enseñanzas y técnicas que los abuelos heredan a sus nietos.Aquí las casas son abiertas, muchas de ellas sin paredes y con techo de hojas. La población vive orgullosa de su forma de vida, el espíritu de comunidad está presente siempre. No existe la privacidad como en las grandes ciudades. Todo se comparte y nada se oculta.

Aquí el turismo esotérico está cobrando auge. Es conocido a nivel científico y local que la amazonía es fuente inagotable de una serie de plantas medicinales propias para el desarrollo del curanderismo. La atracción que genera estas prácticas hace que cientos de turistas lleguen a estas tierras en busca de experiencias espirituales y místicas.En muchas otras comunidades, el afán de lucro trae como resultado que se pierda la esencia misma de las sesiones esotéricas. Hay que tomar precauciones y no dejarse llevar por la curiosidad o las exageradas virtudes que algunos le otorgan a estas prácticas. El verdadero curandero no se publicita. Pasa desapercibido por la mayoría y sólo se llega a él mediante oídas.La comunidad de San Francisco es cuna de curanderos, como todo aquí, existe una fuerte tradición generacional. Cada curandero tiene cuatro o cinco discípulos que aseguren los conocimientos para el futuro. Cada uno de ellos pasa más de cinco años aprendiendo sobre las diversas plantas y cortezas que hay en la amazonía y sus efectos en el cuerpo, mente y espíritu. Estos discípulos se forman como si estudiaran una carrera universitaria. Es que prácticamente lo es. La medicina tradicional está cobrando tanta aceptación a nivel mundial que pronto necesitará de más especialistas. Lamentablemente no existe ningún programa gubernamental que apoye a estos jóvenes. La educación recae solo en sus maestros.

Madre Ayahuasca
Indudablemente, una de las plantas que más llama la atención al foráneo es la Ayahuasca o soga del muerto. Una liana que crece abundantemente en estas regiones y es la planta estrella en toda ceremonia.El consumo de la ayahuasca está presente en muchos pueblos de la amazonía, que se extienden por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Su consumo no es exclusivo de ninguna etnia. No existen datos exactos sobre cuándo se inició esta práctica del uso del ayahuasca, pero se presume que incluso los incas llegaron a consumirla. La ayahuasca es considerada una liana alucinógena. Aunque el objetivo no es tener alucinaciones, muchos erróneamente la consumen pero solo con el afán de visualizar intensas imágenes. Para ellos su efecto es incompleto pues el objetivo en el consumo de la ayahuasca es la curación física y espiritual. Como toda medicina, la planta solo debe ser consumida bajo supervisión del curandero y con la dosis exacta que éste determine.El término adecuado para los efectos de la ayahuasca es mareación. Tal estado solo se logra mediante una sesión o ceremonia, donde cada elemento es vital para una correcta sanación. Es indispensable permanecer en ayuno al menos 24 horas antes de la sesión. No consumir licor, drogas, picantes ni tener sexo. Es importante que el estómago esté libre de comida pues los vómitos son frecuentes en los primerizos. El lugar ideal sería estar rodeado por la naturaleza pues ello inspira. Un espacio cargado de energía negativa, ruidos y contaminación no ayudaría en lo absoluto.

Las sesiones son por las noches, sin ningún tipo de luz y en total oscuridad. El incienso purifica el ambiente. Esencia de flores en la cabeza de cada uno de los participantes otorgan una sensación de calma. El humo del mapacho o cigarros de tabaco sin filtro también otorgan fuerza y misterio. Los ícaros o cantos son la parte más bella de la ceremonia. Monosílabos y sonidos guturales son como alabanzas de un templo y que otorgan una magia y tranquilidad indescriptible.En medio de la oscuridad, el curandero va pasando la dosis exacta a cada uno de los participantes. Una pequeña copa del preparado es suficiente para tres a cinco horas de mareación. Los efectos vienen luego de media hora de consumida. Lo más interesante es que la ayahuasca tiene un efecto distinto en cada persona, todo depende de su personalidad y el espíritu con que se realiza.
Existen testimonios de personas que sufrieron mareaciones horribles, donde visualizaron animales monstruosos y escenas para llorar, ruidos y voces intensas e insoportables. Pero hay muchos otros que vislumbran luces muy coloridas y parsimoniosas, voces suaves que se mezclan con los ícaros que no cesan en ningún momento. Movimientos suaves del suelo, animales extraños, seres alados y todo lo que la imaginación pueda percibir. Pero en lo que muchos coinciden es en la presencia de serpientes de diversas formas, tamaños y colores. En el mundo del curanderismo, la serpiente es considerada la madre de todos los conocimientos o ronin y está presente en todos los seres humanos.En una mareación no se está totalmente alejado de la realidad. Existen chispazos de lucidez donde uno se percata de lo que ocurre a su derredor. El curandero proporciona equilibrio a quienes se angustian en la mareación, llevándolos a buen camino. De allí la importancia de la presencia de uno de ellos. El término adecuado para estos maestros es de curandero (en castellano) pues la palabra shamán proviene de los países alejados de Europa, donde no se ajusta a las actividades de los maestros de estas zonas. Aunque en shipibo el término exacto sería Unaya Juni.El preparado de la ayahuasca se obtiene tras más de cinco horas de hervido. Su sabor a cortezas es bastante fuerte. En una mareación se mueve fuerzas espirituales indescriptibles que los más sensibles pueden percibir. Una vez que la mareación va cediendo, el cuerpo se somete a un sueño profundo que puede durar por varias horas. A muchos otros, el baño los llama urgente, son los efectos purgantes propias de la liana. Luego de aquella sesión el cuerpo debe permanecer en orden y equilibrio.

La selva de Pucallpa ha dejado de ser salvaje y abarrotada de animales. Las sachavacas, otorongos, monos, guacamayos, lagartos y otros son cada vez más difíciles de ver en su estado natural. Los gigantescos árboles ahora son extraños de encontrar. La fiebre del caucho pasó y la pobreza de nuevo es latente en gran parte de la población.Al parecer ya no queda rastro del paraíso terrestre que en algún momento pudo ser Pucallpa. Pero algo que permanece inalterable es el espíritu de su gente por volver a empezar. Ahora el turismo se perfila como una alternativa para la crisis ambiental que está sometida. Poco a poco se empieza a reconocer el valor de la amazonía y como herramienta para obtener ingresos del turismo.Tal vez algún día se logre recuperar lo que se está perdiendo. Ojalá no sea tarde. Ojalá el espíritu de las plantas y los ícaros sea suficiente. Si es así, hagamos una mega sesión ayahuasquera.

Texto: Lic. Fernando Vilchez S.

5 de septiembre de 2005

Oxapampa el jardín de la selva central

Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza. Así lo afirmó el filósofo francés Jacques Rousseau al referirse a la magnificencia de la belleza natural, aquella que se ve reflejada en lugares tan exóticos y llenos de historia como Oxapampa, un vergel en la selva central del Perú. Trocha Verde los invita a compartir este maravilloso viaje. Participe con nosotros de las experiencias vividas, las tradiciones propias de nuestros pueblos y confórtese con las imágenes recogidas de esta nueva aventura por el oriente peruano. Oxapampa, tierra hermosa y dotada por los más bellos paisajes que la selva central pueda ofrecer, ubicada en la región Pasco a 396 Km. de Lima. Posee una riqueza cultural muy particular ya que se puede sentir el legado de los antiguos colonos austro alemanes que poblaron esta parte del Perú a mediados del siglo XIX.El nombre de Oxapampa deriva del quechua Ocsha que significa Paja unida a la palabra Pampa (Pampa de paja).

Fundada en 1891 por un grupo de colonos encabezados por Enrique Bottger Treu se afincan en este hermoso valle y plasman sus tradiciones en sus futuras generaciones. Hoy es posible encontrar a los descendientes de aquellos hombres y mujeres que lucharon arduamente por establecerse en un lugar lejano, Don Enrique Travi forma parte de la cuarta generación y posee como documentos históricos cartas y fotos antiguas de su familia, donde se narra a puño y letra el periplo de 300 personas provenientes de una región de Austria llamada Tirol y Prusia, que llegaron al Perú en un vapor guanero proveniente de Europa a trabajar en la construcción de carreteras al sur del país. Enfermedades y maltratos que se detallan en estos documentos, actualmente son guardados sigilosamente por nuestro amigo Enrique Travi. Obviamente no es el único, la familia Bottger, Preissing, Schrader y Hassinger así como los Egg, poseen también cartas e historias que fueron contados por sus abuelos, guardan hasta recuerdos de sus bisabuelos e incluso tatarabuelos. En cada casa se narra algo nuevo, la nostalgia los embarga en algún momento, sin embargo todos están orgullosos de ser peruanos, quizás ahora ciento catorce años después de su fundación Oxapampa sea considerada la única colonia de austro alemanes en el mundo.

El otro lado de la historia lo forman también los Yaneshas, nativos que por siempre poblaron esta zona, ocupando las cuencas del río Pichis, Pozuzo, Entaz, Azupizú y Chorobamba y los valles del Pachitea, Palcazú y Huancabamba. En Oxapampa se encuentra la comunidad nativa de Tsachopen en el distrito de Chontabamba, un grupo de Yaneshas organizados que cuentan con escuela para menores, canchita de fútbol, y una capilla, a lo largo del camino. Todos viven de sus cultivos, algunos de ellos se dedican a la artesanía, como Lesly, pequeña Yanesha quien nos recibe amablemente y nos da la bienvenida en su dialecto. Es sorprendente apreciar el intercambio cultural existente entre los Yaneshas y los Colonos, según nos cuenta Don Enrique existen Yaneshas con apellidos alemanes como Alberto Bottger.

La provincia esta dividida en siete distritos: Oxapampa, Chontabamba, Huancabamba, Palcazú, Pozuzo, Puerto Bermúdez y Villa Rica. En todos estos lugares existen atractivos turísticos muy interesantes. En este viaje de ocho días llegamos a conocer solo cuatro de estas zonas ya que para que usted viajero pueda visitar todo la provincia de Oxapampa, pues tendría que disponer de mas de quince días, empero el esfuerzo tendría una grata recompensa.

Cataratas de ensueño
Con el apoyo de la Cámara de Turismo de Oxapampa, se llevó a cabo el recorrido por los principales destinos turísticos, el clima por estas fechas es ideal para el trekking o caminata de unos 10 a 15 Km. dependiendo del lugar donde vaya.

En esta ocasión empezamos el día rumbo a la Catarata del Tigre, en el terminal de buses, se puede encontrar combis que lo llevan hasta La Cañera, previo pago de dos soles. Desde este lugar se inicia una tranquila caminata hacia la catarata. En el trayecto se pueden apreciar árboles nativos de la zona como el Ulcumano. El paisaje es hermoso. Una hora después puede apreciar maravillado la caída del agua por dentro de las rocas, si gusta puede darse un baño, siempre conservando la ecología y no contaminando el lugar, como lo aconseja nuestro guía Curly, quien se anima a darse un chapuzón. La fiesta patronal en Chontabamba en honor a San Pedro y San Pablo se lleva a cabo del 26 al 29 de junio. En este distrito puede visitar su iglesia, construcción de estilo Tirolés que resalta en toda la plaza del lugar y el Rancho Ruffner, donde en las fiestas de aniversario se llevan a cabo los tradicionales torneos de cintas, destreza forestal, el rodeo al estilo texano y los bailes austro alemanes. Algo que nos llamó mucho la atención fue el Wharapo, antiguo trapiche que data de 1859, lugar donde se elabora el jugo de caña (licor típico de la zona) que guarda como recuerdo un antiguo Alambique alemán donde los primeros colonos elaboraban el licor de caña o wharapo. Por la zona puede visitar el mirador de Mezapata, la Tunky cueva y la Piscigranja La Cumbre, donde podrá comprar truchas y observar su criadero.

Otra ruta muy interesante y que la recomiendo es la de Huancabamba, a cuarenta minutos en auto. La carretera es alfalfada y se recomienda llevar bloqueador solar así como repelente. En comitiva de cuatro personas partimos temprano, esta vez visitamos Prosoya (Proyecto Social Yanachaga) un entusiasta proyecto que ayuda a niños huérfanos del terrorismo a desarrollarse dentro de la sociedad a través de talleres y educación gratuita. Huancabamba en sus inicios fue poblada por los Asháninkas, luego por la afluencia de colonizadores españoles se retiraron del lugar. La fiesta patronal se celebra del 14 al 16 de junio. Con un sol radiante y los ánimos hasta el tope visitamos La Catarata de Anana, a cuarenta minutos en auto desde el pueblo. Este lugar es impresionante, el paisaje es ideal para realizar pequeños almuerzos familiares y refrescarse del agobiante calor. Existen otras cataratas por la zona como la de Rayantambo y Cueva Blanca, así como el Pajonal de Orquídeas de Iruña y la Laguna Encantada de Grapanazú.
En Oxapampa las casas y demás edificaciones están construidas en madera y siguen el estilo implantado por los colonos, el Tiróles. La Iglesia Santa Rosa luce portentosa en plena plaza de la ciudad, construida en madera (diablo fuerte) en 1940 es orgullo de los Oxapampinos. Sus calles son amplias y la gente muy amable, no dude en visitar la tienda de recuerdos Pecky, y llevarse un lindo recuerdo de su viaje. La casa del fundador Enrique Bottger Treu, la Iglesia Misión de Quillazú y el Museo de Los Colonos, son destinos muy importantes, acuda a estos lugares y entérese de la historia de este pueblo, que sin duda alguna lo cautivará.

Arte Culinario
Mención honrosa merece esta bella ciudad ya que en toda nuestra estancia hemos podido disfrutar de los fastuosos desayunos típicos y suculentos almuerzos que adornaban nuestra mesa. Los alimentos preparados en casa, panes, mermeladas, quesos, leche, y sobre todo el delicioso café considerado uno de los mejores del país. Las parrilladas y el chorizo típico los puede encontrar en la gran oferta de restaurantes que hay en la zona. Existen también postres como el Strudel de Plátanos y las Kramlas.

Oxapampa brinda una gran variedad de servicios de hospedaje, en todos ellos usted podrá compartir un poco de la historia del lugar mientras disfruta del bello paisaje y la esmerada atención que por supuesto recibirá.
Texto: Eduardo Villarreal A.